por Patricio Muñoz G.
Me levanté muy entusiasmado; Por la tarde mi papá me llevará al estadio a ver, finalmente, al equipo del cual siempre hablan en mi casa. De verdad cuento las horas para que eso ocurra pero estoy impaciente, corro por el pasillo, mi madre me repite una y otra vez que nunca me separe de la mano de papá porque “es peligroso, te puedes perder”. Se acerca el momento, me abrigo de pies a cabeza y con papá salimos a tomar la micro. Ya estamos en el paradero, estoy desesperado, los minutos se me hacen eternos, quiero conocer este nuevo lugar de una vez por todas porque no aguanto más, estoy ansioso, se me escapa el corazón del pecho.
Por fin llegó la micro, subo y veo a gente con camisetas de uno y otro equipo. Papá me dice con entusiasmo “este es el nuestro el de azul”, pero – a pesar del cariño que le tengo a mi viejo- no hubo caso, fue otra la camiseta que me gustó, la de una señora al fondo de la micro, tiene una línea en el pecho. Quedé hiptonizado, cosas de niño podrán decir, pero -en todo el camino- no le saque la vista de encima a esa mujer con la polera de la cruz en el costado izquierdo.
Llegamos a destino, nos bajamos de la micro y papá me explica que los de azul eran más, que ganaban siempre, que esto y lo otro mientras caminábamos. De pronto, cruzando una plaza y al doblar en la esquina aparece ante mis ojos, un gigante.. “ahí esta el estadio dice mi papá”, y ahora si que mi corazón se acelera de tal modo que hasta perdí el aliento. Me siento bien, en la calle veo a muchas personas con banderas, poleras de colores, globos y un sin fin de cosas para comprar; recuerdo haber pedido un algodón de dulce, papá me lo compro, llegamos a una fila larga, papá seguía dándome indicaciones, contándome historias de cómo la gente de azul siempre ganaba estos encuentros, que eran fieles y otro millón de cosas que no recuerdo bien. Llegamos a la boleteria, para mí no había mas felicidad que poder entrar a este gigante. Subo unas escalas y me encuentro con lo que mi papá siempre me había contado, una galería llena de gente gritando por su equipo, mil colores, en la cancha dos equipos jugando algo que llamaban “preliminar” la verdad que nunca supe que significaba la palabra pero me quede con ella grabada y sin darle mayor importancia. Seguí con mis preguntas y descubriendo este nuevo mundo que se habría ante mis ojos.
Pasan lo minutos, el preliminar termina, explicaba -mi papá-, que jugaba un no se quién , que se lesionó el no se cuanto, y todo un grupo de palabras nuevas para mi. Papá me indicaba la galería del frente, ahí están los cuicos me decía , somos mas que ellos y se reía con la gente a su lado, pero algo extraño me pasaba: no podía dejar de mirar a esa gente, a los cuicos, sus banderas, sus colores me hacían concentrarme en ellas de manera extraña.
El partido comenzaba, la gente parecía loca, todos gritaban, muchos decían groserías, hasta papá, le gritaba a un tal Castro que tenia una camiseta negra, junto a otro par que llevaban banderas, esto me llamó mucho la atención, quizás que hacían, solo se que uno era Castro a este la gente le decía groserías y cosas por el estilo, nunca entendía que hacía, pregunte , me dijeron “es el arbitro”, y con eso me quede, estaba en eso y todos gritan gol, la gente a mi alrededor saltaba, se abrazaban, gritaban, yo miraba, no entendía nada , papá gritaba como loco abrazándose con la gente a su alrededor, me tomo me lanzo al aire cayendo en sus brazos, me abrazo me dio un beso y me dijo que golazo hijo. La verdad no entendí mucho, y hasta algo de susto me dio al ver a todos los grandes como niños, pero dentro de mi también me dio como pena, no quería que el equipo ese perdiera , algo raro. Continua el partido, de pronto el equipo de los cuicos -como decía papa- hecha un gol, en ese momentos e inicia todo, algo hizo que saltara de mi asiento y gritara GOOOOLLL!!!. Mi viejo me dice “siéntate cabro chico, el gol lo hicieron los cuicos”, dándole explicaciones a los que estaban alrededor justificándose porque era mi primera vez en un estadio, pero no era eso, dentro de mi había una alegría, no se por que si yo era azul, pero bueno era la primera vez que venia y la verdad entendía súper poco.
Pasó un largo rato, no sé porqué los jugadores se fueron de la cancha, pero después volvieron y ahí, al rato, otro gol para que saltaran los de azul, otra vez la locura y mi viejo que decía “ahora si hijo, este grítalo”, pero yo, asustado, no atinaba a nada , nada me salía del corazón.
Terminó el partido, volvemos a casa, en vez de estar feliz sentía algo extraño, vestía de azul pero quería estar al otro lado. El equipo azul ganó y aun así quería estar con los otros. Vamos saliendo, me encuentro con la gente de la camiseta con la raya. Sus rostros eran tristes pero igual llevan sus banderas mientras dedican canciones a su equipo, yo pensaba que es extraña esta gente, acaban de perder y están felices, entendía tan poco que ni siquiera quise preguntar por qué.
En la micro de vuelta, me voy medio dormido por el cansancio, pero -al mismo tiempo-pensado en todas las historias que le contaré a mi mamá; llegamos, la mami nos esperaba con la once lista, en la mesa me pregunta como me fue, le conté lo del señor de negro, de la gente , de la señora con la camiseta con la raya y mi mama se reía con los relatos. Al irme a la cama, mientras mamá mientras me arropaba, me dice “hijo estás feliz por que ganó tu equipo”, la miro y le digo no, me gustaron más los otro, los de camiseta con la raya en el pecho. Mamá me mira y refunfuña “tu papá se enojará si eres de ellos”, y le digo que no importa que me gustaron más, esos colores son los que quiero en mi cumpleaños. Algo nerviosa se levantó de la cama, caminó al closet -mirándome de reojo- y, desde el fondo, sacó una vieja bolsa con una camiseta con la raya al medio. Salté de mi cama extrañado, pero felíz , mi mamá me dice “hijo esto es para ti, por que al igual que yo tenemos la misma sangre, la sangre de la gente que viste esta camiseta con orgullo y se que tu estarás orgulloso de vestirla porque esto es para siempre”.
Desde ese día jamás volví a dejarla, pese a que mi padre hizo lo imposible por que lo hiciera, nunca dejé ese gran regalo de mi madre. Ella ya se fue y es el recuerdo más lindo que tengo de ella, sin duda el mas valioso de mi vida. Hasta hoy la visto con orgullo, es mi camiseta cruzada, esa que ya no sabe de razones, esa que se siente en los más profundo del alma y en el corazón de un niño inocente que un día eligió llevarla siempre junto al corazón